miércoles, 13 de mayo de 2009

En el vecindario

Es el primero que se levanta. Cuando el sol se entibia y el resplandor del nuevo día se divisa en el horizonte, el maestro jubilado, Carlos Morales, abre la puerta de su casa. A esa hora, ningún otro vecino de la cuadra de la letra "A" , en la colonia Maestro Gabriel, ha puesto sus pies en el andén. Pero después que "el tícher" -así le dicen- sale a su caminata de madrugada, la vida empieza a fluir. A eso de las cinco, comienza el desfile de estudiantes. Unos esperan el bus escolar en la esquina de la oficina de Enitel, sobre un callejón estrecho en el que no hay casas al frente, sólo la tapia de la oficina de Enitel. Ahí los buses se parquean sobre una curva. Pero la mayoría, una media docena, espera su bus en la esquina opuesta, la del comedor Angelita, donde ahora funcionan tres negocios de repuestos de carros. El callejón que lleva a ese punto, es el más transitado por los vecinos de la letra "A". Sobre esos 100 metros, queda la pulpería de doña Marta, donde se compran dos productos reyes para ese vecindario: la leche y la coca-cola. Doña Marta, la propietaria de la venta, que también es conocida por pinchar nalgas, es parte del comité de vecinos que se está organizando para contrarrestar la delincuencia que lleva años azotando a la cuadra. Desde su venta, ella ha visto pasar a raudas bicicletas huyendo con el botín. Lo último fue un cadena de oro laminado que arrancaron del cuello a una mujer que viste de medias y trabaja en una oficina. Desde esta quincena, los vecinos de las 14 casas de la "A", una cuadra en la que no hay espacio para los árboles, esperan recoger dinero para contratar a dos vigilantes.
Al tícher le asignaron la tarea de recoger el dinero.
Estos días, por las tardes, cuando el sol ha rebajado y los estudiantes ya están en short jugando en la calle, él ha salido a cumplir su tarea. "Sólo en una casa no quieren dar", le informa al comité reunido en la casa de la doctora Cintya. Todos coinciden en que no importa que uno no de, tal vez cambie de opinión cuando el ticher le cuente que a Walter, el vecino de enfrente, le dieron una zurra en la boca del callejón en la madrugada del domingo, el único día que el ticher no sale a la calle.
O tal vez ese que está "duro" pague cuando vea que la cosa funciona, que los vigilantes de verdad vigilan, y que cuando todos se ponen de acuerdo, sin CPC que agite, o iglesia que someta, se puede respirar algo de tranquilidad. No importa, desde hace algunas semanas, que "el tícher" se siente más seguro caminando entre timbres de vigilantes.

3 comentarios:

  1. En tiempos grises, palabras frescas.
    Gracias Amalia, por dar de beber a los sedientos.

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  2. Muchas gracias César, es difícil extinguir este vicio de hablar, y bueno aquí estamos. Gracias

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  3. Amalia, me gustan tus inicios con el blog. Pero no has vuelto a escribir desde el 13 de mayo. Necesitamos leer más... así que a trabajar amiga.

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